Fueron 118 minutos de agonía, de lucha, de pelea. 118 minutos de injusticia, en los que un equipo quiso homenajear al fútbol y otro lo insultaba a base de patadas, agarrones y continuas protestas. Pero el fútbol, tan injusto en ocasiones, no ha querido serlo con este equipo. A veces, no siempre, la vida real es como el cine: gana el bueno. Guión de Hitchcock, final feliz. España se lleva el título y nuestro capitán a la chica.
Es momento de felicitaciones y reconocimientos. El primero debe ser para él. El maestro. El capitán del barco. Vicente del Bosque. Ha tenido que tragar y aguantar mucho desde que accedió al cargo de seleccionador. Continuas comparaciones con su antecesor, Luis Aragonés. Críticas a su sistema después de la derrota contra Suiza. Le dio igual. En ningún momento perdió ese talante del que tanto habla Zapatero, pero del que nuestro seleccionador es la viva imagen. Él tenía una idea y la mantuvo hasta el final. El fútbol, como ya hizo cuando entrenaba al Madrid, fue justo con él y le volvió a entregar la gloria en bandeja de plata. Gracias Vicente, de verdad.
Luego está este grupo de chicos, de futbolistas, de amigos. Desde Casillas, Piqué y Capdevila, que lo han jugado todo en el Mundial; hasta Albiol, Valdés y Reina, que no han podido disfrutar de un minuto. Todos son campeones. Es injusto, pero detallar a cada uno me llevaría muchísimo tiempo. Y tampoco quiero aburriros. El capitán ha estado inmenso. En la final volvió a ejercer de lo que es, un Santo, para salvarnos del diablo Robben en dos mano a mano. Quien dudó de él debería pagar con un tiempo en el purgatorio. Dudar de un Santo es pecado. Pecado capital.
¡Qué decir de nuestra defensa! Dos goles encajados en siete partidos. Ramos, imperial en el lateral derecho. Injusto que se vaya del campeonato sin marcar un gol, porque lo ha buscado y merecido. Piqué, inmenso. Sacándolo todo. Por arriba y por abajo. Ver como nos colgaban balones a la desesperada y emergían los 193 centímetros de Gerard para acabar con el peligro ha sido un gozo. ¡Y qué me decís de Puyol! ¡Tiburón! Su gol en semis y su raza en cada segundo, quedarán grabados a fuego en nuestra memoria. Capdevila cerró su banda ante Robben y Cristiano. Muchos dudábamos de él, pero siempre cumple.
Del medio campo sobran comentarios también. Busquets ha sido la gran revelación de este Mundial. Siempre al corte, siempre en la ayuda, siempre creando. Tres en uno. Normal que el Barça haya vendido a Touré, teniendo a Sergio. Junto a él, formando ese "doble pivote" tan cuestionado, Xabi Alonso, la elegancia, el pase largo, la braveza. Como Piqué, ha soportado mil golpes durante el Mundial. Y con cada uno parecía ganar en fuerza. En la final, De Jong le tatuó la bota en su pecho ante la permisividad del pésimo árbitro. Daba igual. Él es vasco. No sería de extrañar que el holandés tuviese que cambiar de botas en el descanso ante algún desperfecto en sus tacos.
Y entramos en materia seria. Me pongo mis mejores galas para hablar de Xavi & Andrés. El mejor dúo de la historia del fútbol. Arte con botas y en frasquito pequeño. ¡Y con mala leche! No se achantaron ante las continuas cerdadas de Van Bommel y le pusieron en su sitio, futbolística y verbalmente. El manejo del fútbol de Xavi es soberbio. Y la elegancia de Iniesta. ¡Qué bonito! Nadie merecía más que él meter el gol de la final, sobre todo por lo que ha sufrido con las lesiones en los últimos tiempos. Y en ese momento, el más grande de su vida, se acordó de su amigo Jarque, que está en el cielo, para dedicarle el gol de España. Balón de Oro para él (con permiso de Xavi).
Por último, nuestra delantera es cosa de un Guaje. De Villa. Del Pichichi, diga lo que diga la FIFA. Gracias a él, llegamos hasta la final. Corrió, peleó, luchó. Abandonó agotado el campo con la ausencia del gol. Pero cuando lo dejas todo por tu país, marcar o no es lo de menos. ¡Bravo Guaje! El resto también ayudaron. Llorente contra Portugal. Pedrito con su partidazo en semis. Marchena, aportando seriedad en los tramos finales... Cesc, Navas, Torres, Silva, Javi Martínez, Arbeloa, Mata, Albiol, Reina y Valdés. Todos son campeones. ¡Enhorabuena!
Ha sido un Mundial duro. No apto para cardiacos. Pero el empuje de más de 40 millones de españoles ha servido para disfrutar de este momento. Ya tenemos la estrella. Tras el traspié inicial, quedaban seis finales. Y teníamos que ganar las seis. Y las hemos ganado. Volvimos a conjugar, dos años después, el verbo poder: Del ¡Podemos! al ¡Pudimos! ¡Viva España!