Hace un par de meses escribí un artículo cuestionando la simpatía que Belén Esteban despertaba en la sociedad y no creo que pueda sonar incongruente este, porque no es que vaya a alabar su figura, simplemente pretendo hacer un llamamiento para que finalice el acoso y derribo, diario, si diario, que desde Antena 3 y algunos días, desde el propio Telecinco hacen a Belén Esteban, a la que parece que no van a dejar en paz hasta que no la vean en una caja de pino.
Belén es diabética y por propia experiencia familiar, mi padre era diabético, puedo constatar que los disgustos influyen de manera muy decisiva en los niveles de glucosa en sangre y la princesa de San Blas se desayuna cada día con un nuevo ataque a ella o su familia.
Una cosa es informar y otra dedicarse a ir por tu barrio, el de tus padres o el pueblo de tus abuelos buscando gente dispuesta a sacar trapos sucios, verídicos o no, sobre la vida de Belén y su marido para conseguir derrocarla.
Cada tarde, Belén empieza su programa medio llorando y creo que con muchas ganas de abandonar, porque por mucho dinero que gane, me imagino que no merece la pena vivir así, sale más a cuenta ser mil eurista y vivir en paz.
Verdaderamente las cadenas tienen que hacer un ejercicio de responsabilidad, porque al final acaban con ella, y no me refiero precisamente a su figura mediática, sino que como la cosa siga por este camino su vida corre peligro y luego la prensa, como cuando hay violencia en el fútbol, generada por la propia prensa, buscará culpable fuera y se dedicará a elegir nuevas victimas a las que liquidar, cuando su crueldad no desmerece en nada a la de los narcos a los que demonizan por dejar colgadas a dos personas de un puente.
Eso sí, ya he entendido el porque de la popularidad de Belén, porque con este brutal acoso, se ha ganado hasta mi cariño.