Cuando venimos “De vuelta”

A partir de los treinta y tantos cumplidos, tanto los hombres como las mujeres, repetimos en reiteradas ocasiones un comentario muy típico cuando nos referimos a una posible nueva relación; Aquel que se nos llena la boca al decirlo: “Yo es que me he vuelto muy exigente”. Ja, ja, ja… Me hace gracia porque yo soy la primera persona que he utilizado la frase.

Y es cierto que, cuando ya hemos vivido ciertas situaciones estando en pareja, tenemos muy claro lo que NO QUEREMOS; posiblemente dudemos en lo que queremos, pero lo que no queremos lo tenemos tan claro… De hecho, si te preguntas a ti mismo en estos momentos ¿Qué no quiero? No tardarás ni un solo segundo en contestar!!!

Y es entonces cuando a todo le ponemos pero: “Pero es que es muy seri@, pero es que no me presta la atención que yo quiero, pero es que me gustaría que fuese más cariños@, pero es que yo necesito mi espacio, pero es que… y por no mencionar el “pero” más de moda, cuando le envías un whastapp, está en línea, lo ha leído y no te contesta (aunque este supuesto pero, lo dejo para otro post que puede dar mucho de si).

La cuestión es que alguien que aparece en nuestras vidas y de repente nos ilusiona, se convierte, en un espacio breve de tiempo, en un cumulo de pequeñas imperfecciones que consigue poner nuestra mente en alerta. ¿Miedo?

Pues evidentemente sí, sin duda alguna, a partir de haber vivido ciertas experiencias y/o desengaños, tenemos más miedo que 7 viejas (perdón por la expresión); No nos apetece lo más mínimo que nos hagan daño, venimos con una mochila tan grande en la espalda cargada de problemas, que sólo el pensar que aparezcan otros tantos nuevos, consigue que nuestro cerebro reaccione de la forma más sencilla, pensar todo lo malo que tiene.

¿Y si fuésemos capaces de dejarnos llevar cómo cuando no sabes lo que te espera, cuando algo te ocurre por primera vez? Es imposible, ya que no podemos resetear nuestra cabeza, pero si consiguiésemos dejar de ver todo lo negativo, para potenciar lo positivo y simplemente dejarnos llevar, viviríamos cada historia de nuestra vida con tal pasión, con tanta ilusión, que dejaríamos de preocuparnos de cosas absurdas y todo fluiría con mayor naturalidad; a fin de cuentas, conseguiríamos multiplicar nuestra felicidad.

Cuando venimos “de vuelta” es mucho más complicado dejarte llevar, nuestras propias experiencias como plomos pesan y, aunque la herencia del pasado convierte nuestra piel en corazas infranqueables, hay que dejar fisuras en ella para que la ilusión penetre y, poco a poco, el miedo desaparezca.

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